Un ex es para siempre (IV). Quiérete mucho.

En los anteriores posts hemos ido desgranando todas las separaciones que se encuentran en una: la legal, la económica y ahora llegamos a la que puede abrirnos o cerrarnos las puertas de una nueva vida. Y para eso hay que dejar ir a nuestro ex para siempre. Y para eso necesitas aceptar el duelo.

Dice Bert Hellinger:

Si uno encara el dolor de la separación permitiendo que penetre en el corazón, en el cuerpo y en el alma, con toda su amargura e intensidad, este dolor por regla general es breve, aunque en principio parezca interminable. Sin embargo, una vez que la persona lo ha pasado, la separación está superada.

Aceptar verdaderamente que todo fue como fue, y no como nos hubiera gustado que fuera, es un proceso duro, es el comienzo de nuestro duelo.

Pero, me dirás, “Soy realmente una víctima. Tengo pruebas”

Lo sé, somos sumamente cuidadosos todos en elaborar la lista de agravios. Lo peor es que nada es inventado. Sucedió así y ya está. Si hemos sido engañadas, tenemos pruebas. Si sufrimos indiferencia, recordamos las situaciones en que pasó.

¿Y?, si seguimos en esa posición de enojo y resentimiento con todas esas pruebas acumuladas, estamos cediendo el poder a aquel del que supuestamente nos queremos liberar.

Y aquí empieza el camino de la reconstrucción, del dejar ir, y en último caso del perdón, que no tiene porque ser comprensión ni reconciliación. Simplemente es liberarse y dejar ir. Nunca podremos separarnos emocionalmente si nuestros resentimientos nos atan a la persona de quien nos queremos separar.

Es muy importante en una separación saber cual es “la película que nos montamos”.

Por ejemplo, un guión podría ser: “Me han abandonado o me he separado porque no soy constante y no soy capaz de mantener el amor, no soy alguien a quien valga la pena amar”. Menudo drama, ¿no?, pues queridas amigas es mucho más común de lo que parece sentirse así.

Y ahí es donde se empieza a trabajar distinciones como que si mi pareja AHORA no me quiere, no implica que yo sea una persona a quien alguien no pueda amar, empezando por mí misma. Porque lo más fácil es pensar: YO NO MEREZCO SER QUERIDO.

Otra distinción es la aceptación, por más que expresemos todo el enojo del mundo, nada cambiará de lo que ocurrió. Pero si hay algo que podemos cambiar, ELEGIR QUE HACER DE AHORA EN ADELANTE.

Aceptar la situación no significa pensar que esta sea justa. No hay que verlo en estos términos, sino que ya que las cosas son como son, ¿Qué hago ahora?

Y ahí es donde recogemos nuestra pena, como decia Bert Hellinger, y confiamos en nuestras propias fuerzas. Solo así entraremos a valorar lo que la vida nos ofrece.

Gran parte de nuestro dolor y nuestro sufrimiento está creado por la manera como interpretamos las cosas que nos pasan.

Y en ese camino de conocimiento y sabiduría es donde te podemos acompañar pues como ya sabéis, cuando se cierra una puerta, se abre una ventana.

¡Feliz semana!

 

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