A la vejez, divorcio. ¿Hay una edad para divorciarse?

Septiembre siempre es un mal mes para las parejas, y suele producirse un repunte en el número de procesos de separación, quizás porque las vacaciones nos muestran tozudamente una realidad que inconsciente o conscientemente, a veces, escondemos entre trabajo, ocio y familia.

De esta realidad no están alejadas las parejas que llevan muchos años de relación y que, a ojos de extraño, parecería que tienen una relación “a prueba de bomba”.

A menudo no sabemos las razones por las que una pareja puede continuar unida, aunque su relación pase por el “desierto” emocional del que ni siente ni padece.

Por centrar en las razones más poderosas:

  • Los hijos; ¿Cuántas parejas conviven sin amor, sin deseo, y a veces incluso, sin respeto, para dar una “estabilidad” emocional a unos hijos que, al final, sufren quizás más por el engaño posterior de una vida impostada?
  • Los intereses económicos; Con los años se van creando una serie de “vínculos” económicos, propiedades en común, negocios familiares, que, no nos engañemos, sirven como coartada, o nos provocan mucho dolor de cabeza solo con pensar en dividirlo. Incluso puede ser prácticamente imposible sin sufrir un quebranto que nos hace dar marcha atrás cuando nuestro corazón nos da señal de alarma.
  • Los convencionalismos sociales; la vida en general está planteada para vivir en pareja. A cualquier acto social al que acudes te invitan en pareja, tus amigos, familiares, suelen vivir en pareja. Aunque esto está cambiando, aún hay muchas personas a las que les cuesta acudir a algún evento social sola. Y esto se produce más en los hombres que en las mujeres.

 

Y después de todas estas barreras que nos ponemos, pasan los años, los hijos vuelan, a veces sufrimos el síndrome del nido vacío, o a veces simplemente la crisis económica toma las decisiones que tú no te atreviste a tomar y un buen día tienes que vender lo que nunca pensaste hacer.

Y entonces asociada a esa crisis de edad, un buen día te miras al espejo, te ves arrugas, o quizás barriga, o las dos cosas y piensas: Yo, ¿que he hecho con mi vida?

Y entonces todo son prisas, amantes y relaciones liquidas, divorcios exprés que solo producen dolor y rencor en la parte que no tomó la decisión, y que, con calma y reflexión, se hubiera dado cuenta que ya llegaba tarde, muy tarde aquella decisión.

Por tanto, aplazar decisiones, siempre es malo, y en la vida de pareja más.

Poner en un lado de la balanza los pros de continuar (apegos, cariño verdadero, remordimientos por romper un vínculo que prometiste para siempre, costumbre, miedo a la soledad, a lo desconocido, al que dirán…) y en el otro lado los contras (la tristeza de una vida vacía, falta de vida sexual, crisis de la edad, visión de pérdida del último tren…).

En cualquiera de las situaciones se necesita valentía para afrontar la situación, para quedarse, hablar y continuar, o para confrontar nuestros valores más profundos y tomar otro camino en la vida.

La experiencia de personas que han dado este paso nos dice que la vida nunca será igual que la que teníamos, pero eso no quiere decir que sea peor. Hay un dicho que a tu primer amor lo quieres más pero al definitivo lo quieres mejor. ¿es así?

En tus manos está el tomar una decisión inteligente, porque ya sabes, los pasos que no das también dejan huella.

Ponte en contacto con meseparo

 

Recommended Posts

Deja un comentario